Guernica | El desalojo del predio ocupado en Guernica, a fines de octubre de 2020, marcó un hito en la agenda pública bonaerense. Tras casi cien días de tensión y una posterior resolución policial, el gobierno de la provincia de Buenos Aires asumió el compromiso de canalizar el reclamo social a través de una respuesta estructural: la creación de un nuevo barrio planificado desde cero.
La iniciativa se convirtió rápidamente en el plan habitacional y de urbanización en ejecución más grande de todo el territorio bonaerense. El denominado «Barrio de las 853 Viviendas» fue proyectado no solo para reubicar a las familias censadas durante la toma, sino también para dotar a la localidad de Presidente Perón de un nuevo polo urbano de integración social.

El sector D del megacomplejo es el más avanzado del Barrio de las 853 Casas de Guernica.
A diferencia de las soluciones de emergencia habituales, este mega-barrio se diseñó con altos estándares de planificación. Las casas, de entre 57 y 66 metros cuadrados, contemplan de dos a tres dormitorios y adaptabilidad para personas con movilidad reducida, rodeadas de proyecciones para escuelas, centros de salud y espacios verdes de recreación.
Para obtener las tierras, la provincia aplicó los mecanismos de la Ley de Acceso Justo al Hábitat (Ley N° 14.449). Mediante este marco normativo, se negoció con desarrolladores privados de la zona —quienes impulsaban emprendimientos cerrados— para que cedieran parcelas al municipio a cambio de la regularización de sus proyectos comerciales.

Además de las viviendas, se realizan obras complementarias de infraestructura.
Sin embargo, el paso del tiempo comenzó a tensionar las expectativas de los adjudicatarios. El primer gran escollo fue la geografía del lugar: un terreno bajo y con tendencia al anegamiento que obligó a realizar monumentales obras hidráulicas de saneamiento en el canal pluvial lindero antes de poder levantar los primeros cimientos.
El proceso de regularización dominial, subdivisión de lotes y diseño participativo también insumió plazos administrativos prolongados. El papeleo legal y las aprobaciones ambientales hicieron que las obras físicas efectivas en el predio comenzaran recién a finales de 2021, un año después del desalojo.
A los tiempos de la burocracia se sumó la inestabilidad de la macroeconomía argentina. La escalada inflacionaria en los materiales de construcción obligó a constantes renegociaciones de contratos y redeterminaciones de precios entre el Estado y las empresas contratistas, ralentizando el ritmo de avance de los distintos sectores de obra.

El golpe más severo a la velocidad del proyecto ocurrió con el cambio de gestión nacional a finales de 2023 y la política de paralización de la obra pública. Frente al corte del financiamiento federal, la gestión bonaerense decidió absorber el costo total del barrio con recursos propios, lo que resguardó la continuidad de los trabajos pero bajo un esquema financiero mucho más ajustado.
Mientras tanto, la urgencia social no da tregua. Cinco años después de la toma, la mayoría de las familias censadas continúan en una situación habitacional sumamente precaria, pagando alquileres informales o viviendo hacinadas, lo que mantiene activas las mesas de diálogo y las movilizaciones de reclamo ante las autoridades municipales y provinciales.
El barrio de Guernica se erige hoy como un doble espejo de la realidad del conurbano. Por un lado, demuestra que la planificación y la infraestructura de calidad requieren tiempos que colisionan con la inmediatez de la emergencia; por el otro, se mantiene como una promesa de dignidad que, pese a las tormentas económicas y políticas, busca llegar a su destino final.

¿Cuándo será la primera entrega de viviendas?
En cuanto a los plazos de adjudicación, el cronograma original que preveía la entrega de las primeras 160 viviendas para finales de 2024 debió ser reprogramado por la quita de fondos federales y la consecuente ralentización de los trabajos. Ante este escenario, el Ministerio de Hábitat bonaerense optó por no fijar una fecha única de inauguración masiva para evitar falsas expectativas, decidiendo avanzar con un esquema de finalización por etapas financiado exclusivamente por las arcas provinciales.
Bajo esta nueva planificación, la prioridad absoluta se concentra en el Sector D, la zona más avanzada del predio que ya supera el 80% de su estructura edilicia. Los esfuerzos actuales se centran en concluir la compleja red de servicios esenciales —como cloacas, agua potable y la adecuación hidráulica del predio— para poder iniciar las primeras entregas paulatinas a las familias censadas, abriendo un canal de respuesta concreta en medio de un contexto económico complejo.
















