En medio de la reconfiguración del peronismo bonaerense y frente al impacto del ajuste nacional, los jefes comunales buscan constituirse en la cuarta pata del movimiento. Desde San Vicente, la figura de Nicolás Mantegazza emerge como una pieza clave de equilibrio y gestión territorial junto a sus pares del conurbano y del interior.
La Plata | El peronismo bonaerense atraviesa un momento crucial de recalibración táctica y territorial. Lo que comenzó como un espacio informal de debate ha mutado formalmente en la Liga de Intendentes, una mesa de trabajo compuesta por once jefes comunales que buscan transformarse en un actor de peso. En un extenso encuentro de tres horas con el gobernador Axel Kicillof, este espacio dio un paso al frente para constituirse como una cuarta fuerza de peso dentro de la arquitectura política provincial, sumándose a la mesa donde conversan el kicillofismo, La Cámpora y el Frente Renovador.
Esta irrupción no responde a meros cálculos de palacio, sino al estallido de las demandas sociales en cada municipio. Ante el crudo escenario de ajuste implementado por el gobierno nacional, la recesión golpea de lleno en los barrios. Son los municipios la primera línea de contención social, donde la pérdida del empleo y la precarización obligan a duplicar los esfuerzos locales. En las intendencias se vive el termómetro diario de la gente, y la consigna del grupo es clara: trasladar los problemas cotidianos del vecino a la agenda de gestión provincial.
En ese mapa provincial, el distrito de San Vicente ocupa un lugar geoestratégico de singular relevancia. Enclavado en la bisagra histórica entre la densidad urbana del conurbano y la tranquilidad productiva del interior, San Vicente sintetiza las tensiones y oportunidades de la provincia actual. Entre sus quintas históricas, su crecimiento demográfico vertiginoso y sus necesidades de infraestructura, el distrito demanda respuestas ágiles y un liderazgo que entienda la complejidad de gobernar en el territorio real.

Es allí donde cobra relieve la figura de Nicolás Mantegazza, integrando este «once inicial» con un perfil caracterizado por el pragmatismo y la gestión directa. Junto a él se encuentran dirigentes del conurbano con fuerte peso político como Federico Otermín (Lomas de Zamora), Gastón Granados (Ezeiza), Federico Achával (Pilar), Gustavo Menéndez (Merlo) y Mariel Fernández (Moreno). Sin estridencias ni pirotecnia mediática, la presencia del intendente de San Vicente aporta al armado un volumen político sustentado en obras concretas y cercanía ciudadana.
La representación territorial del espacio se completa con intendentes de vasta experiencia y proyección en el interior y el arco metropolitano, como Marisa Fassi (Cañuelas), Juan Pablo García (Dolores), Juan de Jesús (La Costa), Federico Susbielles (Bahía Blanca) y Hernán Arranz (Monte Hermoso). Esta diversidad geográfica le otorga al grupo una mirada federal e integradora sobre las realidades productivas de la provincia, fortaleciendo la voz colectiva de los municipios frente a las instancias superiores de decisión política.
Lejos de buscar la confrontación o promover desgastes innecesarios en la interna, los jefes comunales de esta naciente Liga se posicionan como articuladores de la unidad peronista. Su ventaja comparativa radica en su capacidad para dialogar fluidamente tanto con el gobernador como con las distintas vertientes del espacio. La premisa expresada tras el encuentro en La Plata es la división de tareas e integración política, garantizando que el diseño electoral hacia el 2027 se construya desde abajo hacia arriba y no desde despachos alejados de la realidad.
El plan de acción inmediato trasciende el debate institucional y se volcará de lleno a la calle. Las próximas etapas prevén recorridas territoriales y encuentros productivos, comenzando por la región del conurbano y articulando agendas con sectores industriales y pymes. Esta impronta busca dotar al peronismo de un programa de desarrollo económico concreto, entendiendo que el trabajo local y la producción sustentable son la única respuesta duradera frente al modelo de desregulación que impera a nivel nacional.
En definitiva, la contundencia del mensaje formulado en La Plata («no somos tres gatos locos») refleja un cambio de época en la política bonaerense. Con los pies bien asentados en la realidad de distritos como San Vicente, donde el trabajo diario marca la pauta de la gestión, la dirigencia territorial demuestra que está lista para asumir la responsabilidad del futuro. La consolidación de la Liga de Intendentes abre una oportunidad de renovación estratégica donde la fuerza de los municipios será el motor determinante de esa construcción.
















