Con un predio proyectado sobre 160 hectáreas, el complejo industrial del sur bonaerense combina la ampliación de empresas operativas, el auge de la logística y ambiciosos proyectos farmacéuticos.
San Vicente | El mercado inmobiliario industrial atraviesa una profunda transformación donde la ubicación, la disponibilidad de servicios y la flexibilidad de los espacios se han vuelto determinantes para las empresas. En el sur del Gran Buenos Aires, el Parque Industrial Privado San Vicente refleja fielmente esta dinámica a través de la ampliación de instalaciones existentes, nuevas construcciones y proyectos orientados a responder a distintas exigencias productivas.
Emplazado estratégicamente sobre la Ruta Provincial 6, a la altura del kilómetro 62, el predio cuenta con un desarrollo proyectado de 160 hectáreas distribuidas en seis etapas, contemplando un total de 362 parcelas destinadas a establecimientos industriales, logísticos y tecnológicos. Su evolución actual fusiona a compañías ya consolidadas, nuevas radicaciones y apuestas inmobiliarias orientadas a diversificar las operaciones.
Uno de los fenómenos más destacados dentro del predio es la expansión de las compañías que ya se encuentran operando, las cuales optan por incorporar nuevos lotes o naves en lugar de limitarse a una sola parcela. Esta estrategia posibilita aumentar la superficie ocupada y diversificar las líneas de negocio, demostrando que el crecimiento del parque no responde únicamente al desembarco de firmas externas.

En sintonía con este panorama, la demanda de espacios orientados al almacenamiento y la distribución ha ganado un terreno considerable. Desde Mazzei Propiedades, firma comercializadora de lotes y naves en el predio, Alejandro Mazzei señala que en los últimos dos años se incrementó notablemente el interés logístico, impulsado por una reconfiguración de la actividad industrial y la necesidad de gestionar mayores volúmenes de mercadería.
Como respuesta directa a esta alta demanda, datos aportados por el municipio indican que diez inversores se encuentran construyendo galpones destinados al alquiler. Este modelo de negocio facilita que las empresas puedan ampliar su capacidad operativa de manera flexible sin la obligación de asumir inicialmente la compra de terrenos y la edificación de plantas propias.
Por otra parte, la infraestructura disponible juega un papel crítico en las decisiones de radicación, variando según las necesidades específicas de cada rubro productivo. Entre los requerimientos más complejos figura el suministro de gas a alta presión, un recurso indispensable para ciertas industrias cuya disponibilidad efectiva y condiciones de conexión resultan determinantes para la viabilidad del proyecto.

En el plano estrictamente logístico, el complejo ya cuenta con una balanza operativa para el pesaje de bitrenes, un equipamiento fundamental para atender las demandas del transporte pesado de carga. Esta incorporación refuerza la infraestructura de servicios orientada a optimizar las operaciones de traslado y distribución que caracterizan al predio.
Asimismo, la actividad farmacéutica se consolida como uno de los principales motores de desarrollo, con laboratorios que actualmente avanzan en la construcción de sus instalaciones. Según estimaciones municipales, la futura puesta en marcha de estas grandes plantas podría generar hasta 1.200 puestos de trabajo adicionales, una cifra cuya concreción estará supeditada al avance de las obras.
Este crecimiento se desenvuelve en un escenario económico heterogéneo, donde sectores como la logística, la industria alimenticia, la minería y la farmacéutica encuentran oportunidades en medio de las dificultades. De este modo, el desarrollo del parque pone de manifiesto la evolución del real estate productivo, donde el éxito dependerá de la conclusión de obras, la ocupación efectiva de las naves y la consolidación de los servicios requeridos.
















