San Vicente | Vivir en San Vicente y tener contratado Telecentro se ha convertido en una prueba de paciencia que ningún usuario debería estar obligado a rendir. Lo que en los papeles se firma como un servicio de banda ancha de alta velocidad, en la práctica se traduce en una lotería diaria donde la única certeza es la incertidumbre.
El contrato, ese documento que debería garantizar derechos y obligaciones mutuas, hoy es papel mojado: la empresa incumple sistemáticamente con la prestación básica de conectividad, dejando a hogares y comercios a la deriva, con cortes que no solo son intermitentes, sino que se prolongan por horas sin previo aviso ni explicación lógica.
La frustración escala a niveles insoportables cuando el usuario intenta buscar una respuesta humana. El laberinto de la atención al cliente de Telecentro parece diseñado para el desgaste: un ejército de bots y grabaciones que repiten, como un mantra vacío, que «están trabajando en la zona» o que existe un «problema general». Es una falta de respeto al abonado que, tras pasar minutos de espera, nunca logra dar con una persona de carne y hueso que asuma la responsabilidad.
La respuesta es siempre la misma, pero la solución jamás llega. Es un simulacro de soporte técnico que solo sirve para ganar tiempo mientras la factura sigue llegando puntualmente, sin descuentos por los días de «apagón».

La inestabilidad del servicio en nuestro distrito es casi matemática en su mediocridad. Con suerte, el servicio funciona correctamente tres o cuatro días seguidos, solo para desplomarse al quinto. Esta «ruleta rusa» digital afecta no solo el entretenimiento, sino el derecho al trabajo y al estudio de cientos de sanvicentinos.
En una era donde la conectividad es un servicio esencial, Telecentro se maneja con la impunidad de quien se sabe cómodo en su cuota de mercado, ignorando que detrás de cada modem que titila en rojo hay un vecino que está perdiendo horas de producción o clases virtuales.
Esta desidia no es un caso aislado ni una percepción subjetiva. Recientemente, la Provincia de Buenos Aires aplicó multas que superan los 160 millones de pesos a la operadora por vulnerar los derechos de los consumidores y poner obstáculos para la baja del servicio. Las redes sociales y plataformas estallan con reportes de «fallas masivas» y cobros indebidos, confirmando que el calvario de San Vicente es parte de una matriz de funcionamiento deficiente. La empresa parece preferir pagar multas antes que invertir en el mantenimiento de una infraestructura que, a las claras, no aguanta la demanda del distrito.
Es hora de que los organismos de control locales y provinciales actúen con mayor firmeza sobre el terreno. No podemos seguir aceptando que «estamos trabajando» sea la respuesta definitiva a un problema crónico. Los vecinos de San Vicente cumplimos con nuestra parte del contrato pagando tarifas que no dejan de aumentar; es momento de que Telecentro cumpla con la suya o, de lo contrario, libere la zona a competidores que entiendan que el servicio al cliente no es un mensaje grabado, sino una conexión que funcione los siete días de la semana.
















