San Vicente | Tras la noticia publicada ayer por este medio sobre el avance del gasoducto en Domselaar, surge una pregunta natural: ¿cómo llega realmente ese gas hasta nuestras estufas y cocinas? El viaje es más complejo y fascinante de lo que parece, y tiene una parada técnica vital en plena zona rural de San Vicente, específicamente en el Camino del Portugués. Allí opera lo que los expertos llaman City Gate, el punto de entrega donde el gas deja las grandes autopistas subterráneas para entrar en nuestra red local.
El gas natural llega a esta planta desde las cuencas productoras a una presión imponente, que oscila entre los 50 y 60 bares. Para que pueda circular de forma segura por la ciudad, el primer paso en el City Gate es la regulación. A través de un complejo sistema de válvulas y cañerías, los técnicos de MetroGas reducen esa presión a unos manejables 22 bares. Es un proceso de «cascada» que asegura que la energía fluya con la fuerza justa, protegiendo la integridad de todo el sistema de distribución.
Pero hay un detalle que muchos desconocen: el gas natural no tiene olor. Para garantizar nuestra seguridad, en la planta del Camino del Portugués se realiza el proceso de odorización. Aquí se inyecta de forma precisa una sustancia llamada odorante, cuyo aroma es el que todos reconocemos instantáneamente. Esta es nuestra principal línea de defensa, permitiendo que cualquier pequeña fuga sea detectada por el olfato humano mucho antes de que se convierta en un peligro.
La tecnología también juega un papel clave en el campo. Mediante sistemas de telemedición y control SCADA, especialistas monitorean en tiempo real cada variable de la planta. Esto permite no solo garantizar la calidad del gas según las normativas vigentes, sino también realizar mantenimientos predictivos y preventivos. Es un trabajo invisible pero constante que asegura que, sin importar la demanda, el servicio sea confiable y eficiente las 24 horas del día.
En el City Gate, el equipo de operaciones y laboratorio trabaja con una precisión quirúrgica. Desde el mantenimiento civil y mecánico hasta el control de las bombas de inyección de respaldo (que actúan ante cualquier falla), cada eslabón de la cadena está diseñado para que el usuario final ni siquiera tenga que pensar en ello. Es la ingeniería puesta al servicio de la comodidad cotidiana de los vecinos de San Vicente.
Así, la próxima vez que enciendas una hornalla para calentar el agua del mate, recuerda que esa llama azul recorrió kilómetros desde las entrañas de la tierra, pasó por la tranquilidad rural del Camino del Portugués para ser «domada» y perfumada, y finalmente llegó a tu hogar de la manera más segura posible. Un camino invisible que hoy, gracias a las obras en la región, sigue fortaleciéndose.
















