Cañuelas | Bajo la consigna de que la salud es un derecho y no un negocio, una multitud compuesta por gremios, funcionarios y trabajadores se concentró este viernes en las puertas del Hospital Cuenca Alta Néstor Kirchner (HCANK) para realizar un abrazo simbólico.
La movilización surgió como respuesta directa a las versiones que indican la intención del gobierno de Javier Milei de privatizar cinco hospitales de administración SAMIT, una medida que pondría en jaque el acceso a la atención médica de alta complejidad en la región. Los manifestantes coincidieron en que este centro de salud es un orgullo local que debe ser protegido frente a cualquier intento de desguace estatal.
La situación actual del sistema público nacional fue calificada como crítica debido al fuerte desfinanciamiento ejecutado por el Poder Ejecutivo. Silvana Scali, representante de SICOP, denunció que el gobierno ya ha avanzado con el recorte de programas esenciales, planes de vacunación y el cierre del Programa de Cardiopatías Congénitas, que brindaba atención vital a recién nacidos.

Distintos gremios y la comunidad sanitaria abrazoron simbólicamente al Hospital Cuenca Alta.
Esta política de «motosierra» no solo afecta la infraestructura, sino que empuja a los profesionales de la salud a buscar otros empleos ante la falta de recursos y salarios que no alcanzan a cubrir las necesidades básicas.
Desde el ámbito gremial, las advertencias fueron contundentes respecto al impacto social de estas medidas. Mario Micieli, de la CTA, destacó que los hospitales SAMIT son un ejemplo de gestión en tiempos de crisis y aseguró que llevarán el reclamo al Congreso de la Nación para frenar el avance gubernamental.
Por su parte, la CGT Regional llamó a mantener la lucha activa, citando la importancia de dejar un legado de resistencia para las futuras generaciones frente al ataque a los derechos colectivos. La unidad obrera se presentó como el único camino posible para enfrentar un contexto de amedrentamiento y crisis sanitaria.
La defensa del Hospital Cuenca no es un hecho aislado, sino una bandera de soberanía sanitaria que trasciende las fronteras locales. Darío Olmedo, referente de ATE, recordó que estos hospitales atienden a una población de 9 millones de habitantes y funcionan en una red de atención que incluso recibe pacientes de países vecinos como Paraguay y Uruguay.

El imponente centro de salud regional cañuelense, en peligro de privatización.
Privatizar estas instituciones significaría, en palabras de los trabajadores, coartar el derecho fundamental de la comunidad a recibir atención médica gratuita y de calidad. «Donde el gobierno ve un negocio, nosotros vemos un derecho», sentenció Cecilia Cechini, de la Jefatura de Gabinete provincial.
La jornada también sirvió para recordar que la comunidad de Cañuelas ya ha defendido su hospital en el pasado, como ocurrió durante el intento de traslado de aparatología clave en gestiones anteriores. Vanina Rodríguez, de ATE Nación, enfatizó que defender la salud pública es, en última instancia, defender un derecho de país. El apoyo internacional también estuvo presente a través de Daniel Catalano, quien advirtió que, ante las crisis sanitarias globales, Argentina no puede permitirse discutir la gestión privada de lo que debe ser un bien común inalienable.
Finalmente, el acto cerró con un firme compromiso de no bajar los brazos ante lo que consideran un intento de destrucción del sistema sanitario y del país mismo. Los trabajadores aseguraron que, a pesar de que sus sueldos son insuficientes, su vocación de aliviar el padecimiento ajeno sigue intacta y es el motor que sostiene las puertas del hospital abiertas. La resistencia continuará en las calles y en cada puesto de trabajo para garantizar que el Hospital Cuenca siga perteneciendo al pueblo y no a los intereses de mercado.
















