Por Jorge Zatloukal | Un repaso por la fascinante historia del primer transporte local que surcó la Laguna, desafió al barro y marcó el ritmo de la comunidad entre locomotoras a vapor, caballos y un curioso motor Ford.
Luego de la inauguración en 1865 de la primera estación San Vicente (actual Alejandro Korn), el centro urbano de San Vicente quedó aislado. El edificio municipal, la Iglesia y los comercios principales funcionaban desde 1856 a varios kilómetros de allí, separados por intransitables calles de tierra. Ante esta urgencia, las autoridades locales se abocaron a buscar una solución moderna: así nació el tranvía, el primer transporte del pueblo.
Para financiar la ambiciosa obra, la provincia de Buenos Aires aprobó en octubre de 1875 la Ley Nº 1000. Esta norma autorizaba a contratar al Ferrocarril del Sud para operar un ramal que uniera la estación con el casco urbano, otorgando un subsidio de 1000 libras por milla a pagarse a medias con el Municipio. Poco después, en 1877, la Ley 1094 sumó un auxilio extra de $300,000 de la época para la comuna.
El esperado día de la inauguración
Tras muchísimas idas y vueltas, la perseverancia de los vecinos dio sus frutos el 14 de octubre de 1898. Aquel día histórico, el tranvía quedó oficialmente inaugurado frente a la actual plaza Mariano Moreno. Al evento asistieron las máximas autoridades de la región, incluyendo al Gobernador, el Presidente de la Corporación Municipal, delegados de la Empresa Lacroze y hasta los diplomáticos de Francia y Bélgica.
Al principio, el sistema se movía gracias a una pequeña locomotora a vapor donada por la Empresa Ferrocarril del Sud, que también aportó un vagón y los durmientes de madera. Sin embargo, el tendido de las vías no resistió por mucho tiempo semejante peso, lo que obligó a los operadores a agudizar el ingenio para no interrumpir el servicio.

El tranvía con el motor marca Ford.
De la tracción a sangre al ingenio criollo
Fue así como la tracción a vapor se reemplazó por la fuerza animal: primero se utilizaron burros y luego dos yuntas de caballos. Con el paso de los años, llegó una innovación muy particular: se adaptó un viejo camión Ford con ruedas de acero para que circulara sobre los rieles, convirtiéndose en un improvisado tranvía a motor.
Este curioso vehículo arrastraba un vagón adicional que se le había comprado a la empresa Tranway Anglo Argentina. Como el sistema requería cambiar de sentido en las cabeceras, se instalaron unas mesas giratorias construidas sobre grandes ruedas de carros antiguos; una de ellas funcionaba en la estación de salida —donde hasta hace muy poco estaba el corralón municipal— y la otra en Alejandro Korn.
El recorrido original por las calles del pueblo
A lo largo de su historia, el tranvía cumplió la doble función de transportar tanto a pasajeros como a cargas generales. El trazado original partía desde detrás de la parroquia San Vicente Ferrer, y avanzaba por la avenida Hipólito Yrigoyen y su prolongación con la calle 9 de Julio.
Al llegar al colegio San José, las vías doblaban hacia la casa del vecino Molinero (la actual calle Biocca), para luego tomar el colonial Camino Real. Desde allí cruzaba el arroyo San Vicente por el Puente Piaggio y seguía en línea recta detrás del actual barrio El Pilar, saliendo a la ruta hasta la primera estación, con una parada clave frente al Banco Provincia. Con los años, este trayecto sufrió modificaciones.

Mapa de la época, que marca el recorrido del tranvía entre Empalme y San Vicente.
Un desfile de concesionarios privados
El marco jurídico de este servicio público fue el de una concesión municipal. A lo largo de las décadas, el tranvía pasó por las manos de diversos empresarios locales: Benito Bondoni, la firma Elgue (proveniente de Avellaneda), Ramón Arregui, Rodolfo Tasca, Humberto Bondoni, Manuel Gómez y, finalmente, Francisco Arribillaga.
Lamentablemente, el paso del tiempo y la pérdida de la documentación oficial impidieron conservar los detalles administrativos de estas gestiones. Sin embargo, la memoria colectiva del pueblo mantiene vivo el recuerdo del esfuerzo que realizaba cada uno de estos pioneros por sostener el transporte diario.
El sueño eléctrico que quedó en la nada
San Vicente también estuvo cerca de tener un sistema mucho más moderno. El 24 de octubre de 1910, la Legislatura bonaerense aprobó la ley 3283, otorgando al señor Pedro Nelson una concesión por 40 años para instalar y explotar un servicio de tranvía eléctrico bajo pautas municipales.
A pesar del entusiasmo que generaba este ambicioso proyecto de electrificación, las promesas quedaron en los papeles. En 1911, debido al rotundo incumplimiento de los plazos de ejecución establecidos, el Concejo Deliberante decidió revocar la concesión de manera definitiva.

El viejo edificio municipal, que aún perdura.
El fin de una era y el desarme
El mítico tranvía dejó de circular para siempre en diciembre de 1928, empujado por el progreso y la modernidad. Su desaparición coincidió con la inauguración de la nueva estación de trenes de San Vicente, cuyo ramal vinculó directamente al pueblo con Alejandro Korn, que por aquel entonces se comenzó a denominar estación Empalme.
Los testimonios de la época recuerdan que los 7 kilómetros de vías de trocha ancha fueron levantados con rapidez. Todo el material ferroviario y los coches se acumularon en los galpones de la cabecera, el predio exacto donde hoy funcionan el destacamento de bomberos y el corralón municipal.
Los últimos vestigios arqueológicos
A pesar del desmantelamiento, algunas huellas del tranvía resistieron al olvido. Un tramo de vías ubicado frente al camping de ASIMRA sobrevivió hasta noviembre de 1988, cuando fue retirado por ordenanza municipal. Asimismo, uno de los viejos coches descansó hasta la década de 1970 en el campo de la familia Arribillaga, los últimos operadores del servicio.
Incluso la tierra ha devuelto pedazos de esta historia: durante las excavaciones para construir los cimientos del salón de la Parroquia San Vicente Ferrer, se hallaron restos de los antiguos rieles. Estas reliquias bajo el suelo nos recuerdan la profunda impronta que el viejo tranvía dejó en la identidad local.
Colectivos, trenes y el impacto en el viaje
Aunque la llegada del tren en 1928 significó un avance, la nueva estación quedaba muy al sur y bastante alejada del centro comercial. El vacío que dejó el tranvía en su vieja zona de influencia fue resuelto recién en 1935, gracias a la aparición de la línea de colectivos de la Empresa San Vicente.
Hasta su clausura en 1978, el tren que reemplazó al tranvía fue un motor clave para la movilidad y el progreso local. Su cierre definitivo trajo consecuencias negativas años más tarde, forzando un sistema multimodal de transbordo (tren-ómnibus) que duplicó los costos del pasaje y los tiempos de viaje de los vecinos.
















