Publicamos el primer capítulo del libro “San Vicente, un Pueblo, un Partido” de la escritora e historiadora Haydée Epifanio, quien por varios años se desempañara como directora de Cultura de la Municipalidad de San Vicente, durante el gobierno de Brígida Malacrida de Arcuri. Las imágenes fueron recreadas con Inteligencia Artificial.
Los pagos bonaerenses
En 1580 el capitán vizcaíno don Juan de Garay fundó la ciudad de la Santísima Trinidad y puerto de Santa María de los Buenos Aires, la demarcó y procedió al reparto de solares (en la ciudad), chacras (en la costa del Río de la Plata, desde la actual Plaza San Martín hasta el Tigre) y estancias (sobre la costa del Río de la Plata, desde actual Parque Lezama hasta Magdalena).
Todo el territorio adyacente a la recién fundada ciudad quedó bajo la autoridad directa de su Cabildo.
Los ríos fueron el eje referencial para el deslinde de las propiedades, que se medían en líneas perpendiculares a su curso. Así, el conjunto de las mismas sobre las dos márgenes integraba el pago, que coincidía, por lo tanto, en términos catastrales, con la cuenca hidrográfica, salvo en el de la Plata y Paraná, en que se extendían sólo sobre la costa sudoeste, dado lo anchuroso de su cauce.
Estos pagos no constituyeron unidades de administración, sino sólo grandes extensiones de límites imprecisos.

Juan de Garay y la Fundación de la Ciudad de Buenos Aires.
A comienzos del siglo XVIII, con los Borbones en el poder, el criterio varió y los ríos comenzaron a actuar como divisorios de su propia cuenca. El pago de la Magdalena se extendía por entonces entre el Riachuelo, el Río de la Plata, el Salado y una línea imaginaria que unía las nacientes del Río Matanza con este último en las proximidades de la laguna de Monte.¹ Las tierras del partido de San Vicente se encontraban dentro del pago referido.
Surgimiento de la estancia colonial
Hasta el siglo XVII las vaquerías -incursiones por los campos para cazar el ganado cimarrón que pastaba libremente- fue la principal fuente de riquezas de la dilatada campaña rioplatense. El Cabildo era el encargado de suministrar las licencias para vaquear, reconociendo con ello derechos sobre los animales montaraces.
Al promediar el siglo el ganado se fue internando cada vez más en la pampa, por lo tanto las vaquerías adquirieron el carácter de expediciones armadas, indispensables para afrontar los peligros del indio al perder contacto con la zona poblada.²
A comienzos del siglo XVIII el ganado se había alejado tanto que ya no había qué vaquear, haciéndose necesario traerlo de la Banda Oriental.³ Paralelamente se valorizaron los cueros, única riqueza exportable en la pampa.

Las vaquerías, la caza de ganado cimarrón o salvaje.
Recordemos que la dinastía borbónica se instaló en España en 1700. De inmediato se planteó la necesidad de reconstruir el reino, implantando para ello reformas sustanciales. En política se volcaron hacia el «despotismo ilustrado». En economía, la meta fue la libertad económica dentro del mercado del sistema monopolista español. Es que en Europa habían aparecido nuevas metrópolis industriales y financieras que arrasaron los anteriores equilibrios económicos. En América, todo ese polo de desarrollo que había generado el cerro de Potosí languideció, no sólo por la disminución de la mano de obra indígena y el empobrecimiento de los metales del cerro, sino más bien por la demanda de cueros que comenzó a generarse en nuestro litoral, convirtiéndolo en el nuevo centro económico.⁴ En estas circunstancias nació la estancia colonial, donde se criaba gran número de vacunos. La tierra comenzó a adquirir, por ende, muy alto precio.
Inglaterra, ávida de los productos rioplatenses, había logrado -a partir de Utrecht- debilitar el monopolio hispano colonial con el asiento negrero y el navío de permiso. Un papel importante jugó entonces la Colonia del Sacramento, la mayor parte del tiempo en poder de Portugal -aliada de Gran Bretaña- que servía de base al comercio intérpole, que se agudizó en esta etapa.
Todo ello generó una reactivación económica en el Río de la Plata, a lo que debe sumarse la expansión demográfica producida como consecuencia del desplazamiento del polo de atracción.
La estancia de la Laguna del Ojo
La laguna de San Vicente, llamada en época colonial Laguna del Ojo, en clara referencia al ojo de agua que todavía puede observarse, era el centro de una merced de legua por legua y media que recibiera Cristóbal Ximenez de don Pedro Esteban Dávila (gobernador entre 1631 y 1637) siendo, en consecuencia, el primer propietario hispano-criollo del lugar. Había nacido en Buenos Aires en 1612. En 1664 contrajo matrimonio con Da. Beatriz de Escobar. Una de sus hijas, Doña Margarita González, se casó con el Capitán Francisco Marín [y Flores]. Su actividad principal fue la de hacendado y, entre otras propiedades, poseyó una chacra en el antiguo pago de la Matanza, en la zona del actual Parque Chacabuco, donde presumiblemente estaba el casco, siendo su extensión mucho mayor.
Sus vecinos más inmediatos eran Mateo Sánchez Gatica del Castillejo y Francisco García Romero. El primero de ellos tenía su asentamiento principal en la zona de Villa Elisa (partido de La Plata) y había recibido sus tierras como merced real en 1626. Comprendían dos suertes principales de estancia más una gran extensión de tierras de cabezadas que se prolongaban en siete leguas de fondo, abarcando en longitud desde las cercanías del Río de la Plata hasta el Samborombón.

Se cree que los primeros habitantes a la vbera de la Laguna del Ojo eran indígenas.
En cuanto a Francisco García Romero, cuyo asentamiento principal estaba en el Cabezuelo (hoy partido de Lomas de Zamora), poseía una gran estancia integrada por varias suertes principales en la banda sur del Río de la Matanza y, desde el fondo de éstas, se le había concedido en 1627, también como merced real, una extensión de tierras de cabezadas, cuyo fondo se prolongaba a lo largo de cuatro leguas en dirección sudeste.⁵
La estancia de la Laguna del Ojo estaba situada en el lugar de encuentro de los fondos de las cabezadas de los pagos de la Matanza y la Magdalena, y fue vendida en 1696 por Doña Antonia Flores al capitán don Luis Pessoa y Figueroa, por escritura otorgada por el escribano don Francisco Angulo.⁶
Por lo expuesto, podemos concluir que el primer dueño de la estancia fue don Cristóbal Ximénez y no don Pedro Homen de Pessoa, abuelo de don Luis Pessoa, como figura en algunos planos y mensuras antiguos.⁷
La reducción indígena
Con respecto a la reducción indígena establecida en la zona, sólo encontramos referencias documentales indirectas en la mensura de las tierras a que nos estamos refiriendo, cuando el Juez actuante señalaba: «…pasé al paraje de la Laguna del Ojo que hoy se dice de la reducción…» En 1740 la reducción ya había desaparecido. Sin embargo, podemos aventurar una hipótesis.
El ya mencionado don Mateo Sánchez Gatica cedió por institución hereditaria parte de sus tierras a la Compañía de Jesús.⁸ Y éstas distaban menos de una legua de la laguna… En 1666 el Obispo de Buenos Aires, Cristóbal de Mancha y Velazco informaba al rey: «…di licencia por escrito para que los Padres de la Compañía de Jesús les administren los sacramentos a […] los indios laguneros que jamás han sido reducidos, […] son indios nacidos y criados en las pampas, cubren lo verendo de su cuerpo con pieles de nutrias y otros animales, y primero que este gentío sepa hilar, arar y sembrar, porque su sustento es de animales y caballos, y llegue a estado de conocer que es bueno mandar decir una misa por su alma o por sus difuntos.»⁹

Uno de los primeros fuertes estuvo ubicado en el actual Corinel Brandsen.
Conveniente aclarar que los indios pampas antiguos, cuyas parcialidades merodeaban en la zona a que nos referimos en los siglos XVI y XVII difieren sustancialmente de los grupos mapuches (también llamados pampas) procedentes de Chile y que, en el siglo XVIII, dominaron vastas regiones bonaerenses absorbiendo a aquellas tribus primitivas y reemplazando su lenguaje y hábitos por los propios. La reducción de los pampas (presumiblemente fueron de esa parcialidad los que habitaban la Laguna del Ojo) «era cosa harto difícil, pues se trataba de una tribu indómita, en la cual el valor del trabajo no era desconocido, pues individuos de ella solían bajar a Buenos Aires y trabajar a destajo durante las cosechas, y en las que el amor a la vida libre y nómade era profundo.»¹⁰
El mal residía, además, en el hecho de hacer reducciones de poca gente en el medio del desierto, lejos de todo centro urbano y hasta donde, por miedo al hambre, pocos o ningún sacerdote se resolvía a ir.
El 11 de febrero de 1678 el Obispo Azcona informó al Gobernador Robles sobre las reducciones existentes en el antiguo obispado de Buenos Aires. Eran 7 y entre ellas no estaba la de la «Laguna del Ojo».¹¹
Como vemos, las reducciones tenían vida efímera en la campaña bonaerense, por lo que resulta dificultosa su ubicación.
La llegada de los Pessoa a San Vicente
Don Luis Pessoa era un importante hacendado porteño relacionado con el comercio de mulas altoperuano;¹² poseía varias estancias en el pago de la Magdalena. Era hijo legítimo del Capitán Pedro Homen de Pessoa y Figueroa, chileno, y de la porteña Da. Juana Catalina Cabral de Melo. Su abuelo paterno, el Capitán Pedro Homen de Pessoa y Saa, fue Teniente de Gobernador de Cuyo (1628/31) y Santa Fe (1645/48) y compañero de Hernán Cortés en México. Su abuelo materno era el riquísimo comerciante D. Melchor Maciel.¹³
A su muerte, acaecida en 1726, su hijo natural, Don Antonio Pessoa, inició un pleito contra la viuda de su padre, Da. María de Arroyo, para que se le asignase el quinto de sus bienes, por vía de alimentos. Se le adjudicó así la estancia de la Laguna del Ojo,¹⁴ la que se mensuró en 1740, tomando desde entonces, posesión de ella.¹⁵

El crérigo Vicente Pessoa construyó una capilla en advocación a San Vicente Ferrer.
Ciertos autores señalan que el pueblo de San Vicente fue fundado en 1734 por don Juan Bautista Pessoa, lo que no ha podido ser comprobado.¹⁶ Cuando el Juez actuante en la mensura de la estancia de la Laguna del Ojo llegó al lugar (1740), ya no había, evidentemente, población alguna, pues sólo se señala la casa del Teniente Miguel Domínguez (presumiblemente un arrendatario), y al pasar a medir las tierras no halló más que un negro de servicio.
Don Antonio Pessoa, el heredero de la estancia en cuestión, figura censado en la ciudad de Buenos Aires en 1738 y 1744, lo mismo que en 1778 su viuda, D. Josefa Barragán, e hijos.
Construcción de la capilla
Vicente, uno de los hijos de D. Antonio Pessoa, clérigo, expresaba en su testamento: *«…en el partido de la Magdalena, y paraje nombrado San Vicente, en tierras que quedaron de mis finados padres, levanté a mis expensas una capilla con la advocación de San Vicente Ferrer, la cual en el día sirve de curato…»*¹⁷
Al estar la capilla bajo la advocación de San Vicente, muy pronto el paraje comenzó a tomar ese nombre.
Esta capilla no pudo ser construida antes de 1740, fecha en que don Antonio Pessoa tomó posesión de las tierras. Creemos que la edificó al promediar el siglo, probablemente para atender a la población que se iba afincando en la zona, después de la instalación del vecino fuerte del Zanjón.
En el primer inventario que se encontró de la misma, realizado en 1807, se la describe como una iglesia de doce varas de largo y ocho de ancho, aumentando un galpón de veinte varas de largo; un púlpito sin talla, con pie y sin escalera, venerándose en ella cuatro imágenes: una efigie de Jesús Nazareno, una de Dolores, un San Vicente Ferrer y una Virgen del Rosario. La casa cural estaba compuesta por una sala de siete varas por cinco, un aposento de cinco varas por dos y tres cuartos, un cuarto de cinco varas y media por cinco y media y un corredor de nueve varas y tres cuartos por tres y media. Tanto la casa cural como la iglesia eran de teja y ladrillo cocido.¹⁸
De la compulsa de los libros parroquiales surge que ya había una población importante para la época asentada en jurisdicción de la parroquia. Si bien de los mismos no se desprende el número de pobladores, en el lapso 1780/1802 en que el Maestro Pessoa estuvo a cargo de la parroquia, se llevaron a cabo 772 bautismos, 292 matrimonios y 107 entierros.
La primera anotación en dichos libros es del 20 de abril de 1780.¹⁹ El primer bautismo registrado es el de «dos indias adultas hijas de pampas…» celebrado el 30 de junio de 1780.²⁰
Creación del Curato de la Laguna de la Reducción
El confín austral del ámbito geográfico poblado por criollos y españoles fue, hasta mediados del siglo XVIII, el río Samborombón, más allá del cual comenzaban los dominios de los caciques de las diversas comunidades pampas que, gradualmente, serían sometidas por los araucanos, oriundos del sur de Chile.
A partir de 1737 la campaña de Buenos Aires comenzó a sufrir un período de grandes invasiones indígenas, debido a la retirada del ganado cimarrón que ya mencionamos y el establecimiento de las estancias. Los gobernadores del Río de la Plata adoptaron diversas medidas para salvaguardar las haciendas, las que fracasaron una tras otra.
En 1752 se instalaron los tres primeros fortines para la defensa de la campaña en Luján (Mercedes), Salto y Zanjón (hoy partido de Coronel Brandsen), guarnecidos por sendas compañías del cuerpo de Blandengues recién creado, bautizadas con los nombres de Valerosa, Invencible y Atrevida. Dos décadas después se agregaron las guardias de Juncal (Cañuelas), Monte y Ranchos.
Creado el Virreinato en 1776, Ceballos intentó pasar a la defensiva y terminar con el problema del indio. Su mandato terminó antes de la ejecución del plan, y su sucesor, Vértiz, nombró una comisión encabezada por el Teniente Coronel Betbezé para reconocer la frontera. Esta comisión aconsejó conservar la línea de fortines, avanzando el Zanjón hasta la laguna de Vitel (Chascomús) y construyendo un nuevo reducto junto a la laguna de Ranchos (el anterior había sido destruido por los indios).²¹
Como dijimos, la población de la campaña se había incrementado mucho en este período.
El Obispo de Buenos Aires, fray Sebastián Malvar y Pinto, realizó una visita a las parroquias de su diócesis señalando:
«en varias partes carecen los diocesanos del preciso pasto espiritual; en unas por habitar distantes de las parroquias de que son feligreses; en otras por haberse multiplicado el vecindario desde sus primeros establecimientos y no poder los párrocos suministrárselo, y en muchas por los ríos intermedios, y finalmente en las más por la concurrencia de todos estos impedimentos.»²²
Por lo tanto envió oficio al Virrey solicitándole se sirva prestar su consentimiento como Vice-Real Patrono para la erección de nuevas parroquias. Así, en el extenso pago de la Magdalena se establecieron tres nuevos curatos: el de los Quilmes, considerado como una continuación del antiguo curato de la Magdalena; el de la Isla (actual Magdalena) que había sido vice-parroquia desde 1730, y el de «la laguna de la reducción» (actual San Vicente).
Justificando la creación del curato, señalaba el obispo en dicho oficio:
«…en la laguna de la Reducción y en circunferencia hay mucha gente, y es grande la distancia a la parroquia de los Quilmes por cuya causa nadie concurre a ella por sacramentos, ni a funciones parroquiales, y es tanta la infelicidad de estos moradores que los más fallecen sin sacramentos y se entierran sus cadáveres en los campos, quedando los más sin cumplir el precepto pascual; se hará pues un servicio a ambas majestades erigiendo allí una parroquia, pero como el común de aquellos vecinos es pobre, no ha sido posible persuadirlos en la Visita a construir Iglesia, por lo que me vi en la necesidad de recurrir al Doctor don Vicente Pessoa para que cediese la capilla que allí tiene a fin de que sirviese de parroquia […] Se le debe señalar el territorio desde el arroyo de Ramírez arriba, todos los habitantes contiguos a la capilla de los Remedios del Doctor González, las Cañuelas, los moradores de la laguna de Gutiérrez, los de Samborombón existentes hacia aquella parte con todos los inmediatos a la referida capilla de Pessoa.
También se le puede agregar a esta parroquia el fuerte de Monte con sus moradores circunvecinos.»²³
El Virrey consintió y el 3 de julio decía el Obispo:
«usando de la autoridad así ordinaria como delegada por el Santo Concilio de Trento […] separamos, dividimos y desmembramos de la jurisdicción parroquial de sus respectivas iglesias matrices las expresadas capillas e iglesias del Campamento de Rosario, Víboras, Espinillo, Santo Domingo Soriano, Gualeguaychú, Gualeguay, San Nicolás, San Pedro, Pergamino, Arrecife, ciudad de San Fernando de Maldonado, de las Conchas, de la Isla y Baradero, de la laguna de la Reducción, del arroyo de la China y Caa-Catí […] Y por el tenor de las presentes erigimos en parroquias dichas capillas e iglesias desmembradas y demarcadas, queriendo y declarando que por tales iglesias parroquiales sean tenidas […] En esta consideración les concedemos todos los derechos y privilegios que de jure competen a las iglesias parroquiales, debiendo gozar sus curas los que por el mismo derecho son debidos y concedidos, no habiendo disposición en contrario. Y a sus parroquias igualmente damos y concedemos plena y libre facultad para que en dichas parroquias puedan construir y señalar sepultura, cementerios, torres o campanarios o campanas, observando inviolablemente en todo las correspondientes leyes del Real Patronato. Y para congrua sustentación de los curas les señalamos las tres cuartas partes de las primicias de sus demarcadas feligresías, con las obvenciones parroquiales de bautismos, casamientos, entierros, novenarios y demás que de derecho les correspondan, sacadas, según él, las cuartas episcopales. Y para la asistencia de las iglesias, cuidado de ellas, sus ornatos y demás utensilios, mientras no se provean sacristanes procurarán los curas que haya sujetos idóneos…»**²⁴
**El 13 de agosto de 1781 el rey Carlos III expidió la provisión real en la que presentaba para el curato de San Vicente de la Reducción a don Vicente Pessoa, encargando al obispo de Buenos Aires le haga dar la colación canónica, institución y posesión del curato en la forma acostumbrada, haciéndole acudir con la renta, frutos, prebendas y obvenciones, sin que le falte cosa alguna.**²⁵
Como se observa, en 40 años se borró de la memoria de la gente el primitivo nombre de la laguna «del Ojo», lo que traerá conflictos con la posesión de la tierra, como veremos.
Referencias
1 LEVENE, Ricardo: Historia de la Provincia de Buenos Aires y formación de sus pueblos. La Plata. AHPBA, 1940. T.I.
2 GIBERTI, Horacio: Historia económica de la ganadería argentina. Buenos Aires, Solar-Hachette, 1970.
3 Pedidos de Luis y Antonio Pessoa. En: AGN. Acuerdos del Extinguido Cabildo de Buenos Aires (en delante: Acuerdos). S.II, T.III. p. 418 y S.II, T.V. p. 627.
4 HALPERIN DONGHI, Tulio: El Río de la Plata al comenzar el siglo XIX. Buenos Aires. UBA. FFyL, 1961.
5 DE PAULA, Alberto: San Vicente y la estructura histórica de su comarca. En: UNLZ. Primeras Jornadas interdisciplinarias del partido de San Vicente, San Vicente, junio 1985.
GAMMALSON, Hialmar E.: Los pobladores de Buenos Aires y sus descendientes. Municipalidad de Buenos Aires, 1980.
6 AGN, Sala X, Tribunales, Civiles, Letra P, Legajo 11 E. 12. Consultado el Registro de Escribanos de 1696, no se encontró la venta, pero las primeras hojas del Registro están deterioradas.
7 AGPBA, Duplicados de mensura Nº 34 de Avellaneda y 100 de San Vicente.
8 AGPBA, Duplicado de mensura Nº 56 de Quilmes. En 1695 los Jesuitas vendieron las dos suertes principales a D. Luis Pessoa, conservando sólo las cabezadas. Citado por DE PAULA, A: La ciudad de La Plata, sus tierras y su arquitectura, Ediciones del Banco de la Provincia de Buenos Aires, 1987.
9 ACTIS, Francisco: Actas y documentos del Cabildo Eclesiástico de Buenos Aires, Buenos Aires, Junta Eclesiástica Argentina, T. VII, p. 111
10 Carta del Obispo Ascona al Rey, 1678. Archivo de Indias, 76-3-9. Citado por CARBIA, Rómulo: Historia Eclesiástica del Río de la Plata, Buenos Aires, Alfa y Omega, T. II, p. 14.
11 Ídem, p. 14/15. Los curatos de indios eran: Parroquia de los naturales, en Buenos Aires; Baradero, a 30 leguas de Buenos Aires; Santo Domingo Soriano, a 30 leguas de Buenos Aires, río por medio; San Roque de los naturales, ciudad de Santa Fe; Salado, a 9 leguas de Santa Fe; Reducción de los Ahomas, a 6 leguas de Corrientes, y Santa Cruz de los Quilmes, a 3 leguas de Buenos Aires.
12 AGN, IX-48-8-7, 48-8-8 y 48-9-2. Para las estancias: AGN, Registro I T. 19 F 178; IX-40-1-8 Leg. A-7 y IX-48-8-2, p. 228, entre otros.
13 LUX WURM, Hernán: Los Pessoa: una dinastía mulata en el pago de la costa. En: Academia de Estudios Históricos de Vicente López, Selección de los trabajos presentados en las Jornadas de Historia de Vicente López, 1988/1993, p. 76/84.
14 Igual a 6.
15 AGN, IX-42-7-3, Leg. T.3 Expte. 10
16 Enrique Udaondo y Castro Estévez, entre otros. El dato figura en la placa de mármol ubicada en el Hall del Palacio Municipal, donada por el Museo de Luján.
17 AGN, Tribunales, Leg. 7731, Pessoa, D. c/ Sierra, B.
18 APSV, Libro de Fábrica Nº 1. La imagen del Nazareno todavía se conserva.
19 APSV, Libro de Casamientos Nº 1
20 Libro de Bautismos Nº 1
21 MARFANY, Roberto: Fronteras con los indios en el sur y fundación de pueblos. En: LEVENE, Ricardo: Historia de la Nación Argentina T. IV.
22 ARCHIVO DE LA NOTARIA ECLESIASTICA DEL OBISPADO DE BUENOS AIRES, Leg. 76, expte. 13. En: SORS, Guillermina: Quilmes colonial, La Plata, AHPBA, p. 131/35.
23 Ídem.
24 Ídem.
25 AGN, IX-8-5-11.
















