Por Jorge Zatloukal | Impulsado por la búsqueda de opciones sustentables y de cercanía, el turismo en bicicleta gana terreno en la región, posicionando a San Vicente como un polo clave gracias a su patrimonio histórico, natural y rural.
San Vicente | El uso de la bicicleta para la práctica deportiva y el turismo de cercanía ha registrado un crecimiento sostenido en las últimas décadas, consolidándose como una modalidad turística sustentable en destinos de la región metropolitana como Chascomús, Cañuelas y San Vicente. Este fenómeno se vio coronado recientemente cuando la localidad de Chascomús fue sede del primer Encuentro Nacional de Cicloturismo, que convocó a cerca de mil ciclistas y fue declarado de interés por el Concejo Deliberante.
Como una alternativa fresca a las modalidades tradicionales de turismo de fin de semana, esta práctica se define como una actividad recreativa y no competitiva que combina de manera armónica el ejercicio físico con el esparcimiento. En este esquema, tanto los distritos de perfil histórico como los netamente rurales se posicionan como los circuitos preferidos por los aficionados.
Lejos de ser un mero pasatiempo, la actividad representa un aporte fundamental para el desarrollo económico local, ya que promueve activamente a las regiones involucradas y genera ingresos directos para los sectores gastronómico y de hotelería. Dentro de este mapa regional, San Vicente se alza como el gran favorito de los ciclistas.

El municipio se presenta como un destino ideal al sur del Área Metropolitana, favorecido estratégicamente por contar con dos estaciones ferroviarias activas y una amplia diversidad de puntos de interés y trazados posibles para recorrer sobre dos ruedas.
Los itinerarios locales incluyen atractivos de gran valor paisajístico y cultural: los caminos rurales, la laguna, la Quinta 17 de octubre, el mítico puente Once Bocas y el Paso de Piedra son transitados de manera asidua por grupos de visitantes. A estos se suman las iglesias y capillas rurales, la vieja estación, antiguos puentes, estancias, pulperías y la tradicional escuela de piscicultura Catania.
Este flujo turístico encuentra un complemento perfecto al articularse con importantes celebraciones populares de la zona, tales como la Fiesta de la Mozzarella y la Fiesta de la Miel. De este modo, impulsar el turismo rural y los circuitos cicloturísticos permite poner en valor parajes y localidades como Domselaar y Once Bocas.
El crecimiento de estas experiencias al aire libre se vio potenciado tras la pandemia y, en el actual contexto económico, se revaloriza a la bicicleta por no requerir de grandes inversiones para su disfrute. Esta accesibilidad económica convierte al cicloturismo en una opción inclusiva y de bajo costo para vacacionar o realizar escapadas.
Para potenciar este escenario, resulta clave crear condiciones óptimas que fomenten la actividad mediante seguridad, señalización adecuada, folletería, paradores y eventos periódicos. Todo ello sumará un valioso desarrollo integral para San Vicente, garantizando una experiencia superadora para los visitantes y visibilizando su patrimonio histórico.
















